La visita de Guadalupe Reyes

La Columna del Padre Ramón
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Cada año viene Guadalupe Reyes a visitar nuestros hogares. Se pasa unos cuantos días hospedada en las mejores condiciones y luego se marcha para volver al año siguiente.

Es una visita anunciada. Se proclama y se habla de ella con meses de anticipación. Cuando se marcha deja un vacío muy difícil de llenar. Y nos deja cuesta arriba, tratando de perder lo que encontramos y encontrar lo que perdimos. Así nos va de Guadalupe a Reyes.

Ya en octubre se empiezan a escuchar algunos villancicos. Eso sucede más en las radios en español, porque en inglés empezamos a ver comerciales. Como si las fiestas fueran empujándose unas a otras, con un afán desmedido del famoso “¡Quítate tú, pa’ ponerme yo!”.

Con el últimamente controvertido Halloween y Día de los muertos se despide octubre y empieza noviembre. Muy pronto nos encontramos como una especie de prefacio el día de los veteranos, que quienes más lo disfrutan son los escolares. Ellos no han tenido que ir a la guerra para disfrutar de un día libre mientras los demás trabajan. Y como si fuera bajando una cuesta resbalosa, de repente llega el día de acción de gracias (Thanksgiving), con el que deberíamos ser más críticos que el Halloween, que hasta se ha robado la cornucopia como si fuera exclusivamente suya. No deja de ser paradójico que esta fiesta, que nada tiene de religiosa, la hemos traído a la Iglesia, sin darnos cuenta de que celebramos haberle robado la comida a quienes la habían cosechado. En fin, así es la vida, llena de sin sentidos.

¡Y entonces llegó diciembre! Las “reuniones” para celebrar la navidad se adelantan. Prácticamente cada noche se tiene una cena o celebración diferente. Que si de la escuela, del trabajo, de los vecinos… El intercambio de regalos, santa… La lista cada día se hace más larga.

Mención aparte merecen los distintos platos que se preparan por estas fechas del año. Empezando con el pobre pavo, que de nada tiene la culpa. El lechón o puerco asado, el posole. Y si por un lado gana terreno el eggnod (ponche de huevo), por el otro domina el rompope. Aún me pregunto cómo puede guardar tanto calor el atole o champurrado.

Así, como quien no quiere la cosa, vamos llegando a la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe con su correspondiente mañanitas. Pero no bien se ha terminado cuando ya vienen las posadas. A veces, estatuitas de peregrinos y cuando no, una parejita de niños haciendo de José y María con alguno que otro de burro para ir cantando de casa en casa hasta terminar con la piñata.

En otros lugares, los días anteriores a la fiesta de Navidad se preparan con una novena de misas o aguinaldos. Usualmente acostumbradas a celebrarse durante las madrugadas.

Ni qué decir acerca de la ornamentación o adornos de casas, centros comerciales y algunas veces hasta de las calles y parques. Se van sucediendo una a otra. Incluso, cuando ni siquiera ha terminado la navidad, ya se encuentran lugares, como la tienda de a dólar, con los adornos de san Valentín.

Las Posadas terminan con la llegada de la Navidad. Luego serán doce días hasta llegar a la Epifanía o día de Reyes. Los regalos para los niños van de una fiesta a la otra. Los más afortunados reciben doblemente, primero en Navidad y así tienen tiempo para disfrutarlos antes de volver a clases, y luego en Reyes.

Para entonces, no hay que olvidar la rosca de reyes, que anuncia, al mismo tiempo, los tamales de la Candelaria.

También los colores cambian. Aún no me explico si el rojo que vemos en Navidad tiene que ver con la decoración propia o es simplemente el influjo del Santa Claus de la Coca Cola.

Entre todo esto, permítame dos palabras sobre la flor de pascua o navidad. Este camarada, Joel Roberts Poinsett (2 de marzo 1779 – 12 de diciembre 1851) cuando trabajaba como ministro de los Estados Unidos en México, se encontró con esta planta y hasta le cambió el nombre. Ahora, por estos rumbos se le conoce como poinsettia, la flor de Joel Roberts. No se deje confundir. Ya la flor tenía nombre y se conocía como flor de Pascua o Navidad.

Recuerde reciclar. No se necesitan sofisticados adornos para sintonizar con la estación. Procure moderación en el gastar y el comer sobre todo.En la Sagrada Escritura encontramos el consejo de san Pablo sobre este tema: «Enójense, pero sin pecar; que el enojo no les dure hasta la puesta del sol, pues de otra manera se daría lugar al diablo» (Efesios 4, 26-27).

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