Administración Trump recorta programas de refugiados

El gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, propuso un nuevo recorte del programa de acogida de refugiados desde el nivel actual de 30.000 personas a 18.000 en 2020, dijo el Departamento de Estado.

«Esta propuesta para la admisión de refugiados reafirma el compromiso permanente de Estados Unidos para ayudar a las personas desplazadas del mundo, al mismo tiempo cumpliendo con nuestra primera prioridad de proteger y de servir al pueblo estadounidense», informó el Departamento de Estado.

Trump ha hecho de la reducción de la inmigración, tanto legal como irregular, un eje de su gobierno, con la guía de su asesor Stephen Miller.

Desde que Trump llegó al poder en enero de 2017, Estados Unidos ha registrado un gran descenso en el número de refugiados procesados a través del Programa de Admisión de Refugiados de EEUU (USRAP, por su sigla en inglés).

En el año fiscal 2018, la Administración Trump redujo el número anual de refugiados de la meta de 110.000 fijada por la Administración Obama, a un total de 45.000.

Para el año fiscal 2019, la Administración Trump redujo la cifra de 45.000 a 30.000 refugiados, aunque, según el Instituto de Política Migratoria (MPI), la cifra final del Departamento de Estado fue de 26.345 individuos.

De esa cifra, la mayoría provenía de Africa, con 15.086 individuos; el Este de Asia, con 4.454; Europa, con 3.845, y de Oriente Próximo y el sur de Asia, con 2.326.

El número total de latinoamericanos admitidos como refugiados en el año fiscal 2019 fue de 634, según el Centro de Procesamiento de Refugiados del Departamento de Estado.

Quienes critican la decisión presidencial argumentan que la Administración estaría abandonando el deber moral de EE UU de ser un líder mundial en el esfuerzo de ayudar a la gente en situaciones desesperadas y que otros países podrían copiar el mal ejemplo.

Para justificar su decisión, el Departamento de Estado ha asegurado en su comunicado que «la política exterior de la Administración Trump está basada en el compromiso de tomar decisiones basadas en la realidad, no en los deseos, y de impulsar resultados óptimos basados en hechos concretos».

El informe asegura que la diplomacia norteamericana está trabajando para «atacar los problemas” allá donde se originan y que, por eso, «está trabajando duro para resolver los conflictos en Siria y Afganistán, fortalecer las economías y los Gobiernos de los países de Centroamérica y fortalecer el Gobierno legítimo de Venezuela contra la tiranía de Maduro».

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