Cadáveres de padre e hija vuelven a El Salvador tras muerte en la frontera

Los cuerpos de una pequeña niña y su padre salvadoreño, fotografiados inmóviles boca abajo a orillas del Río Bravo y convertidos en un símbolo de las tragedias a las que se exponen los migrantes ilegales, llegaron el domingo desde México a su país natal para ser sepultados.

Óscar Martínez, de 25 años, y Angie Valeria, de casi dos, murieron hace una semana arrastrados por el caudal del río que divide el noreste de México de Estados Unidos, en su intento desesperado por llegar sin documentos y trabajar en suelo estadounidense.

Tania Vanessa Ávalos, madre de la pequeña, logró sobrevivir. La mujer de 23 años llegó el sábado a El Salvador para despedirse de sus seres queridos.

Los cadáveres fueron trasladados desde México a El Salvador y recibidos este domingo en la localidad de La Hachadura, en el departamento de Ahuachapán, ubicado en el límite de El Salvador con Guatemala, por el ministro salvadoreño de gobernación, Mario Durán.

La esposa del migrante y madre de la niña fallecidos, Tania Ávalos, de 21 años, había llegado a San Salvador.

Martínez y la niña murieron ahogados en el río Bravo cuando intentaban cruzar a Estados Unidos desde Tamaulipas, México, con la intención de pedir asilo. La fotografía de sus cuerpos muertos boca abajo en la orilla del cauce conmocionó a la comunidad internacional, y expuso con crudeza el peligro de la migración irregular alentada por la pobreza y la inseguridad.

Aparentemente el padre había colocado su camiseta sobre la niña para improvisar un portabebés. Los pantalones cortos rojos de Valeria estaban hinchados por un pañal lleno de agua.

La agencia de refugiados de Naciones Unidas, ACNUR, comparó la fotografía con la del niño sirio de tres años Aylan Kurdi, quien se ahogó en el Mediterráneo y cuyo cuerpo se encontró en una playa de Turquía en 2015.

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