En California las playas son de todos, pero a los ricos no les gusta la idea

En California se libra una batalla para que las playas sigan abiertas a todo el mundo. Según la ley, los 2.000 kilómetros de litoral californiano son de acceso público, pero en la práctica algunos se empeñan en poner puertas al mar.

Es lo que ocurre en la cala Opal Cliffs de Santa Cruz, al sur de San Francisco, que ha cerrado su acceso al público con una imponente puerta con rejas y un vigilante. Si queremos disfrutarla, deberemos pagar una cuota anual de 100 dólares.

A una hora en coche hacia el norte, pasa lo mismo con Martin’s Beach, donde surfistas y miembros de la comisión del litoral luchan desde hace una década por preservar el acceso público frente a las intenciones de un magnate del sector informático.

Porque desde que compró una propiedad de más de 21 hectáreas en 2008 (por US$ 32.5 millones en ese momento), Vinod Khosla, cofundador de Sun Microsystems, busca por todos los medios impedir el paso a la playa a través de sus terrenos.

Y acaba de presentar el caso ante la Corte Suprema de Estados Unidos, que debe decidir si es competente o no.

Ambos casos son ilustrativos de los obstáculos permanentes entre el ciudadano común y las costas californianas, cuyo libre acceso está garantizado desde 1976 por la Ley de Costas aprobada por el Estado.

Toda la costa de California está implicada, también en el sur, en particular en Malibú, donde muchas celebridades tienen sus casas en la “playa de los multimillonarios” y apelan a malabares de todo tipo para complicar el acceso a la gente común.

Vigilantes privados, falsas señales de prohibición de estacionar, conos de tráfico colocados a lo largo de las vías o procedimientos judiciales interminables.

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