Croacia, el pequeño país que peleó para conquistar el mundial

Para la mayor parte del mundo, el desempeño de la selección de Croacia a lo largo de este Mundial Rusia 2018 ha sido una gran sorpresa. Sin embargo, y si se toma el deporte y un seleccionado nacional como cierto espejo de la sociedad de la cual surge, el resultado no será tan sorprendente para quienes hayan visitado Croacia en los últimos años, y hayan podido apreciar algunos de los valores que trascendieron durante estos días en las actuaciones de su equipo de fútbol: la silenciosa fuerza del trabajo y la organización, la pasión y la voluntad que motivan y la unidad a prueba de todo detrás de un objetivo claro.

En tamaño y población, Croacia es un país pequeño, con una geografía singular en forma de boomerang (producto de guerras y divisiones políticas), heredero de una serie de experiencias históricas traumáticas.

Nada de esto ha obstado para que, a sólo cinco años de su ingreso como miembro a la Unión Europea y luego de haber atravesado la guerra de independencia tras el colapso de la ex Yugoslavia (con pérdidas enormes, destrucciones y la fuerte sangría de la emigración), la República Hrvatska -tal su nombre original- sea un hoy un país ejemplar, ordenado, respetuoso y próspero que goza de una infraestructura notable en materia de conexiones, rutas, autopistas y túneles; modelo en desarrollos, servicios e instalaciones de primer nivel (por ejemplo para el caudal de turismo internacional que recibe a lo largo de todo el año en sus paradisíacas islas y vasta costa adriática), ejemplar también por la dirigencia joven altamente preparada y competitiva que conduce los destinos del país.

La prometedora Croacia no fue capaz de detener el rodillo galo en una final regada de goles, con protagonismo también para el VAR, y perdió la final del mundial por 4-2.

El fútbol es capaz de igualar las fuerzas incluso en los enfrentamientos más desiguales. No es difícil imaginar a David, con su honda, apuntando a Goliat sobre un tapete verde. Una gran potencia mundial en todos los sentidos se medía a un pequeño y joven país cuya mera presencia en la final cabe describir como un milagro. Pequeños manjares que siempre ofrece un Mundial.

Por otro lado, la presidenta de Croacia, Kolinda Grabar-Kitarovic, se llevó todas las miradas en la final del Mundial 2018. Antes de llegar a la cancha, a través de las redes sociales, le pidió a los rusos que apoyan a los jugadores croatas.

“Ustedes son grandes anfitriones. Apoyen hoy a Croacia. Seamos felices juntos”, pidió Grabar-Kitarovich, vestida con los colores rojo y blanco de su país. Luego, comenzó a corear: “¡Croacia!”.

La primera mandataria de Croacia compartió el palco junto con su par francés, Emanuel Macron, y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino. El ambiente en la previa fue muy relajado, todos los invitados se mostraron exultantes, bromearon y hasta se sacaron fotos con sus parejas.

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