Marcelo Odebrecht abandona prisión para cumplir arresto domiciliario en su mansión de lujo

El ex presidente de Odebrecht, condenado en el mayor escándalo de corrupción de la historia de Brasil, pasó a régimen de arresto domiciliario después de haber estado dos años y medio en una cárcel de la ciudad brasileña de Curitiba.

Marcelo Odebrecht salió del Complejo Médico-Penal de Pinhais y es custodiado por agentes hasta los juzgados de primera instancia de Curitiba (sur), donde le colocarán una tobillera electrónica que lo acompañará durante el resto de su pena.

Acto seguido, Odebrecht viajará en su avión privado hasta su mansión, situaba en uno de los barrios más pudientes de San Pablo, para reencontrarse con su familia, según medios locales.

Cabe indicar que, en los próximos dos años y medio, el magnate estará recluido en su vivienda con una tobillera electrónica de localización. Luego, tendrá otros cinco años de pena: la primera mitad con salidas diurnas autorizadas y la segunda con arresto domiciliario durante los fines de semana.

Una vez que cumpla su pena, Odebrecht todavía tendrá que cumplir restricciones en el ámbito profesional, pues hasta 2025 estará impedido de ejercer cualquier función ejecutiva en la constructora, según el acuerdo que firmó con la Justicia.

A finales de 2016, Marcelo Odebrecht y otros 76 exejecutivos de la empresa se sentaron con las autoridades y confesaron las prácticas corruptas que llevaron a cabo en Brasil y en otros países de Latinoamérica.

Ese acuerdo de colaboración con la Justicia hizo posible reducir sus condenas y provocó un auténtico terremoto en Brasil, con réplicas igual de fuertes en otros países de Latinoamérica.

De acuerdo con las investigaciones y los testimonios de estos exdirectivos, el grupo Odebrecht participó de un “cartel” con otras 15 importantes constructoras brasileñas para hacerse con las licitaciones de manera fraudulenta de Petrobras.

Las autoridades comprobaron que esas empresas inflaban los valores en los contratos y repartían las diferencias entre ejecutivos de la petrolera, empresarios y políticos, que amparaban esas prácticas y legislaban a favor de las compañías.

La corrupción en Odebrecht no se limitó a Brasil y se expandió por otra decena de países de Latinoamérica y África, cuyas autoridades investigan el pago de sobornos a sus políticos de parte de la constructora.

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