Muertes del terremoto en México eran evitables

Casi dos tercios de los 44 edificios que cayeron en la Ciudad de México fueron diseñados con un método de construcción llamado losa plana – en la que los pisos son soportados sólo por columnas de concreto – ahora prohibido en partes de los Estados Unidos, Chile y Nueva Zelanda de acuerdo a los datos recopilados por un equipo de ingenieros estructurales de la Universidad de Stanford y obtenido por The Associated Press.

Los funcionarios de la Ciudad de México fueron ampliamente alabados por apretar sus códigos de construcción después de que miles de personas murieron en el terremoto de 1985. Pero dejaron de lado una reforma crucial: una prohibición de la técnica de construcción que causó el 61 por ciento del edificio se derrumba en el terremoto de magnitud 7,1 del mes pasado, que mató a 369 personas y cubrió avenidas arboladas en escombros.

Las losas de hormigón utilizadas para la construcción de pisos y techos pueden ser fundidas para incluir algunas barras de refuerzo para reforzar, y dan a los constructores una mayor flexibilidad en la distribución de la habitación y permiten techos más altos.

Pero en un terremoto, sin muros de hormigón armado o refuerzos laterales para resistir las fuerzas que empujan las estructuras laterales, los edificios con ese diseño pueden moverse demasiado. Las columnas y las conexiones entre las losas y las columnas pueden romperse fácilmente, provocando el colapso, como sucedió en una escuela donde murieron 26 personas, la mayoría niños.

Un informe de la Agenda Nacional de Riesgos, elaborado por el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), ubica a la pobreza como uno de los problemas neurálgicos asociados a las catástrofes de este tipo. Al menos en México, 40% de las afectaciones ocurren en municipios con altas tasas de marginación, precisa un estudio de esa misma instancia gubernamental.

“El 83% de todas las muertes ocurridas en edificios colapsados en terremotos han ocurrido en países con altos niveles de corrupción y pobreza”, detalla el portal Contralínea, al citar el informe. La aseveración puede contrastarse con el hecho de que, incluso antes del sismo que estremeciera a Ciudad de México, otro de mayor magnitud devastó a Oaxaca y Chiapas, considerados como los estados más pobres del país.

La regulación oficial mexicana es una de las mejores y más detalladas del mundo para casos de sismos, pero los permisos tardan mucho en darse y “las mordidas son frecuentes”, señala a este periódico un constructor que pide no dar su nombre. “Todo el mundo sabe cómo se sacan ciertos permisos, hay personas que se dedican a eso en las obras y ganan mucho dinero”.

Toca investigar profundamente para delimitar posibles responsabilidades. Se debe llegar al fondo de un planeamiento urbanístico que deben asumir los responsables y no debe taparse bajo el reconocimiento de una fabulosa respuesta civil solidaria.

Facebook Comments