Duelo de amenazas graves entre Trump y Corea del Norte sin precedente

Estados Unidos envió otro ultimátum al régimen norcoreano de Kim Jong-un, al amenazar con la “destrucción de su pueblo” si no desiste de sus provocaciones. Fue un día después de que Donald Trump elevó la tensión al advertir que respondería con “fuego y furia” el desafío de Pyongyang.

La última advertencia, que corrió por cuenta del jefe del Pentágono, Jim Mattis, recicló por escrito la dura retórica presidencial y buscó despejar cualquier duda sobre la postura de la Casa Blanca luego de que se supo que Trump improvisó su amenaza sin consultarla con su equipo de seguridad nacional.

Después de amenazar con vengarse “mil veces” en respuesta a las sanciones de las Naciones Unidas, impuestas por sus desestabilizadores tumbos hacia el desarrollo de su capacidad nuclear, ¿cómo puede Pyongyang devolverle la volea al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien dijo que la nación asiática enfrentaría “fuego y furia como nunca antes fueron vistos” si continuaba amenazando a Estados Unidos?

El fin de la Guerra de Corea en 1953 representó técnicamente un cese de las hostilidades entre ambas partes. Pero en realidad, desde entonces, ha habido una hostilidad abierta.

Estados Unidos y Corea del Norte estuvieron muy cerca de un conflicto armado en 1994 después de que Pyongyang se negara a permitir que los inspectores internacionales accedieran a sus instalaciones nucleares como requería el Tratado de No Proliferación Nuclear.

Esa crisis fue resuelta diplomáticamente, pero estableció la plataforma para que jugaran al gato y al ratón por dos décadas, en las que Corea del Norte dijo, de la boca para afuera, que se comprometía a su desnuclearización, pero mantuvo sus opciones abiertas para construir un arma y los medios para hacerla funcionar.

Con el tiempo, mientras la comunidad internacional le ofreció a Corea del Norte normalizar las relaciones a cambio de su desnuclearización, Pyongyang quería relaciones normales y armas nucleares.

El senador republicano John McCain dijo que esa frase fue “un error”. McCain resumió en una oración el problema, el mismo que ya enfrentó Obama cuando trazó su infame “línea roja” sobre las armas químicas en Siria: un presidente debe poder cumplir con una amenaza.

“Los grandes líderes que he visto no amenazan a menos que estén listos para actuar, y no estoy seguro de que el presidente Trump esté listo para actuar”, afirmó.

Otra figura del Partido Republicano en el Senado, Lindsey Graham, dijo que Estados Unidos está “absolutamente” preparado para actuar si el régimen de Kim ataca Guam u otro aliado, o si insiste en desarrollar un misil capaz de llevar una ojiva nuclear.

Si Trump no quiere que su advertencia pase desatendida como la “línea roja” de Obama es porque está dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias militares para hacerlas respetar. Eso previsiblemente generaría una división en la comunidad internacional más profunda que la que dejó la unilateralidad con la que Washington manejó la al final inexistente amenaza de las armas químicas de Irak.

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